
El error más común al usar mindfulness en terapia (y por qué a veces puede empeorar lo que le ocurre al paciente)
En consulta veo esto cada vez más: terapeutas que introducen mindfulness con buena intención… y no siempre funciona como esperan.
Tiene sentido que ocurra.
Mindfulness es una herramienta potente y, bien utilizada, puede facilitar mucho el proceso terapéutico.
Pero hay algo importante que no siempre se tiene en cuenta.
Mindfulness no siempre ayuda.
De hecho, mal utilizado, puede empeorar lo que le ocurre al paciente.
Y esto no tiene que ver con la técnica en sí.
Tiene que ver con cuándo y cómo se introduce.
El error no está en la técnica
En muchas formaciones se enseña mindfulness como un conjunto de prácticas: observar la respiración, atender al cuerpo, notar pensamientos…
Y eso está bien.
El problema aparece cuando esas prácticas se aplican sin tener en cuenta el estado del paciente en ese momento.
En consulta no trabajamos solo con contenido.
Trabajamos con un sistema nervioso que puede estar más o menos disponible para procesar lo que le proponemos.
Y eso determina completamente lo que puede ocurrir en sesión.
Cuando mindfulness no ayuda
Imagina una paciente que llega muy activada.
Habla rápido, salta de un tema a otro, y apenas puede hacer una pausa sin volver a arrancar.
Si en ese momento le dices:
“Vamos a parar y observa tu respiración tal como es”
pueden pasar varias cosas.
Que empiece a notar que respira mal.
Que sienta más falta de aire.
Que aumente la sensación de descontrol.
No porque la práctica esté mal.
Sino porque su sistema no está en condiciones de sostenerla.
Otro caso.
Un paciente más desconectado, con poca energía, poco contacto con lo que siente.
Si le invitas directamente a ir hacia dentro, a notar el cuerpo o la emoción, puede cerrarse más.
Puede quedarse en blanco.
O responder desde lo automático.
De nuevo, no es que mindfulness no funcione.
Es que no es el momento adecuado.
Qué está pasando realmente
Aquí suele aparecer una confusión importante en consulta.
No es lo mismo regular que observar.
Regular es ayudar al sistema a volver a un estado en el que pueda sostener la experiencia.
Observar es poder mirar lo que ocurre sin cambiarlo.
Muchas prácticas de mindfulness se utilizan como si fueran siempre observación.
Pero si el sistema está muy activado o muy desconectado, primero necesita otra cosa.
Necesita condición.
A veces eso pasa por algo tan sencillo como notar los pies en el suelo, sentir el apoyo del cuerpo, bajar un poco el ritmo o orientar la atención hacia fuera.
Y solo después, cuando hay un mínimo de base, tiene sentido invitar a observar.
Un matiz importante
Esto no significa que haya que esperar a que el paciente esté tranquilo.
Ese es otro error.
Base suficiente no es ausencia de malestar.
Puede haber ansiedad, tristeza o incomodidad…
y aun así haber suficiente presencia como para trabajar.
La pregunta no es si está bien o mal.
La pregunta es: ¿puede sostener lo que está ocurriendo ahora mismo?
Entonces, ¿cuál es el criterio?
El punto clave es este.
No se trata de aplicar mindfulness.
Se trata de saber cuándo puede ser recibido por el sistema del paciente.
A veces la intervención será: “Quédate con eso y obsérvalo.”
Y otras veces será: “Antes de seguir, vamos a parar un momento.”
La misma herramienta, en el mismo paciente, puede ser útil o no… dependiendo del momento.
El problema del “aparente buen resultado”
Hay algo más que complica todo esto.
A veces la intervención funciona… aparentemente.
El paciente se calma.
La sesión fluye.
Todo parece ir bien.
Pero si miramos más de cerca, puede que no haya habido procesamiento.
Puede que solo haya habido descarga o cierre prematuro.
Y eso, a medio plazo, no produce cambio.
Por eso no basta con que la sesión “se sienta bien”.
El criterio no es solo el alivio.
Es si el paciente estaba en condiciones de integrar lo que estaba ocurriendo.
En resumen
Mindfulness no es una técnica que se aplica de forma automática.
Es una herramienta que requiere criterio.
No depende solo de saber qué hacer.
Depende de saber cuándo hacerlo.
Porque en terapia, como en casi todo, una intervención adecuada en el momento equivocado deja de ser adecuada.
Si trabajas con mindfulness en consulta, esta es una de las habilidades más importantes a entrenar: aprender a leer el estado del paciente antes de decidir cómo intervenir.
Y es ahí donde se empieza a notar la diferencia entre aplicar técnicas… y trabajar con criterio clínico.



Deja una respuesta