Psicóloga General Sanitaria · Málaga
Mabel Laguna, psicóloga sanitaria y especialista en mindfulness clínico
Soy Mabel Laguna, Psicóloga General Sanitaria y llevo 26 años trabajando como psicóloga. Acompaño a personas en terapia y formo a profesionales que quieren incorporar mindfulness a su práctica clínica con criterio, profundidad y una comprensión amplia del funcionamiento psicológico.
Mi manera de trabajar ha ido evolucionando conmigo. Hoy integro psicología, terapias cognitivo-conductuales y contextuales, mindfulness y conocimientos sobre regulación emocional, trauma y apego para comprender no solo qué le ocurre a una persona, sino cómo ha aprendido a relacionarse con lo que le ocurre.
Mabel Laguna Arroyo · Psicóloga General Sanitaria
- N.º colegiada AO09300
- 26 años de experiencia profesional
- Especializada en mindfulness aplicado a la psicoterapia
- Psicoterapia presencial en Málaga y online
- Formadora de psicólogos y profesionales
- Directora de programas de formación en mindfulness clínico
Mi manera de entender la terapia
Después de muchos años acompañando procesos terapéuticos, hay algo que tengo cada vez más claro: comprender lo que nos ocurre es importante, pero muchas veces no es suficiente para cambiarlo.
Podemos saber perfectamente que estamos siendo demasiado exigentes, que una preocupación es desproporcionada, que necesitamos poner un límite o que una determinada manera de reaccionar nos hace daño y, aun así, volver a hacer exactamente lo mismo.
Porque buena parte de nuestra manera de funcionar no depende únicamente de lo que sabemos.
A lo largo de nuestra historia vamos desarrollando formas de protegernos, relacionarnos, interpretar lo que ocurre y responder ante determinadas situaciones. Algunas fueron necesarias o tuvieron sentido en algún momento. Con el tiempo pueden convertirse en patrones tan automáticos que apenas somos conscientes de ellos.
En terapia me interesa comprender esos patrones: qué los activa, qué intentan resolver o evitar, qué los mantiene y qué consecuencias tienen hoy en la vida de esa persona.
No se trata de luchar contra nosotros mismos para convertirnos en alguien diferente, sino de ampliar nuestra capacidad para reconocer lo que ocurre y poder responder de una manera más consciente, flexible y coherente con la vida que queremos construir.
Un enfoque integrador, adaptado a cada persona
Mi manera de trabajar ha ido evolucionando conmigo. Hoy trabajo desde una perspectiva integradora, tratando de comprender no solo qué le ocurre a una persona, sino qué patrones se repiten, qué está manteniendo su malestar y qué necesita en cada momento para poder relacionarse de una manera diferente con lo que piensa, siente y hace.
Mi manera de trabajar es integradora. No parto de la idea de que exista una única terapia, técnica o herramienta adecuada para todas las personas.
Esto no significa utilizar muchas técnicas a la vez.
Significa intentar comprender primero qué está ocurriendo, qué está manteniendo el sufrimiento y qué necesita la persona que tengo delante. A partir de esa comprensión decidimos dónde intervenir.
En algunos momentos necesitaremos aprender a regular una emoción intensa. En otros será importante trabajar con pensamientos, evitación, autoexigencia, límites, relaciones, experiencias del pasado o formas muy arraigadas de tratarnos a nosotros mismos.
Para mí, la técnica está al servicio del proceso terapéutico, no al revés.
El mindfulness cambió mi manera de relacionarme con la ansiedad
Mi relación con mindfulness no comenzó únicamente como psicóloga. Comenzó también desde mi propia experiencia.
Desde muy joven la ansiedad estuvo presente en mi vida. Como psicóloga conocía herramientas para intentar manejarla y durante mucho tiempo mi objetivo fue conseguir que desapareciera.
Pero saber mucho sobre ansiedad no significa necesariamente saber relacionarse con ella cuando aparece en uno mismo.
La incorporación de la meditación y, especialmente, de mindfulness a mi vida supuso un cambio profundo. Aprender a no luchar contra la ansiedad intentando continuamente que desapareciera, sino empezar a relacionarme con ella de otra manera, fue un antes y un después para mí.
No porque mindfulness hiciera desaparecer para siempre las emociones difíciles, sino porque empezó a cambiar mi manera de vivirlas.
Aquella experiencia despertó en mí un interés que fue mucho más allá de aprender a meditar. Empecé a formarme, a profundizar en la práctica y posteriormente a investigar cómo podía integrarse de manera rigurosa dentro del trabajo psicológico.
Con los años, mindfulness se convirtió en una parte fundamental tanto de mi desarrollo personal como de mi práctica profesional.
Mindfulness no es dejar la mente en blanco
Hoy entiendo mindfulness como algo mucho más amplio que una técnica de meditación o una herramienta para relajarse.
En el contexto terapéutico puede ayudarnos a desarrollar una capacidad esencial: observar lo que está ocurriendo en nuestra experiencia mientras está ocurriendo.
Reconocer un pensamiento antes de quedar completamente atrapados en él. Percibir una emoción sin reaccionar inmediatamente. Notar qué sucede en el cuerpo. Identificar un patrón cuando empieza a ponerse en marcha.
Ese espacio de observación no elimina automáticamente lo que sentimos, pero puede permitirnos dejar de responder siempre de la misma manera.
Por eso no utilizo mindfulness con todas las personas de la misma forma ni considero que meditar sea imprescindible para hacer un proceso terapéutico conmigo. Es una parte importante de mi enfoque, pero la intervención debe responder siempre a las necesidades de la persona y al momento del proceso en el que se encuentra.
26 años como psicóloga y una profesión que sigue haciéndome aprender
Empecé Psicología movida por algo que, visto desde hoy, probablemente era mucho más sencillo: quería ayudar a los demás.
Con los años aquella motivación se ha transformado.
Después de 26 años de profesión tengo menos interés en tener respuestas para todo y mucho más en comprender con profundidad a la persona que tengo delante.
Mi trabajo me sigue apasionando. También continúa confrontándome con todo lo que todavía puedo aprender.
Por eso mi formación no terminó con la carrera ni con ninguna especialización concreta. A lo largo de mi trayectoria he continuado estudiando y profundizando en diferentes formas de comprender el funcionamiento psicológico y los procesos de cambio.
No incorporo todo lo que estudio a mi práctica ni considero que todos los modelos tengan el mismo respaldo científico. Intento mantener una mirada crítica y distinguir entre aquello que cuenta con mayor evidencia, aquello que puede aportar una perspectiva clínica útil y aquello que todavía necesita ser investigado.
Creo que seguir revisando lo que hacemos forma parte de nuestra responsabilidad como profesionales.
De practicar mindfulness a formar a otros psicólogos
Durante años he acompañado a cientos de personas en programas de mindfulness y he desarrollado decenas de ediciones de programas de práctica y autoconocimiento.
Con el tiempo apareció otra vertiente de mi profesión que hoy ocupa un lugar importante: la formación de psicólogos y otros profesionales.
Formar a terapeutas me ha obligado a profundizar todavía más en algo que considero fundamental: mindfulness no debería incorporarse a psicoterapia simplemente porque conozcamos algunos ejercicios.
Necesitamos comprender para qué lo utilizamos, cuándo puede ser adecuado, cuándo no lo es y qué función cumple dentro de un proceso terapéutico más amplio.
Por eso, tanto cuando trabajo con pacientes como cuando formo a profesionales, intento mantener el mismo principio: no aplicar herramientas de manera automática, sino comprender primero qué necesita la persona.
Quién soy hoy
Soy Mabel Laguna, Psicóloga General Sanitaria, colegiada n.º AO09300, psicoterapeuta y formadora especializada en mindfulness aplicado al ámbito clínico.
Trabajo presencialmente en Málaga y también realizo terapia psicológica online.
Después de 26 años sigo sintiendo que elegí una profesión profundamente coherente conmigo.
La psicología y mindfulness también han formado parte de mi propio proceso de conocimiento y transformación. No creo que para ser una buena terapeuta haya que tener la vida resuelta. Sí creo que necesitamos estar dispuestos a observarnos, seguir aprendiendo y revisar con honestidad la manera en la que acompañamos a otras personas.
Y probablemente esa sea la parte de aquella adolescente que quería cambiar el mundo que todavía conservo.
Hoy mis aspiraciones son bastante más humildes: intentar comprender un poco mejor mi propio mundo y acompañar con rigor y humanidad a las personas que durante un tiempo me permiten entrar en el suyo.
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